Veredicto injusto

冤獄
yuānyù

Zhu, natural de Yanggu,  era un joven frívolo a quien le gustaba mucho hablar en broma. Como su mujer había muerto, un día decidió recurrir a una casamentera para concertar una cita con fines matrimoniales. Cuando acudía a su encuentro se cruzó con una mujer cuya belleza despertó su admiración. Después de saber que era la mujer del vecino de la propia casamentera, le dijo:

—Soy muy afortunado por haber visto a tu vecina. ¡Qué guapa y encantadora!. Si vas a buscarme una esposa, ella es la mujer apropiada.

—Vale. —Dijo la vieja también en tono de broma. — Prometo ayudarte, pero antes debes encargarte de asesinar a su marido.

Zhu riéndose respondió:

—Naturalmente.

Un mes después, el vecino de la vieja casamentera que había salido para recaudar un dinero que le debían, apareció muerto en un descampado a las afueras de la ciudad. El juez del distrito reunió con urgencia a todos los vecinos, les interrogó y les obligó a confesar, pero no consiguió obtener ninguna pista sobre la identidad del asesino. Finalmente, la vieja casamentera contó la conversación que había mantenido con Zhu. Se convirtió de esta manera en el principal sospechoso.

Zhu fue arrestado, pero se mantuvo firme negando todas las acusaciones. El magistrado supuso que había cometido adulterio con la mujer de la víctima. La  mujer fue interpelada ante el tribunal y, siendo incapaz de soportar las torturas inhumanas a las que fue sometida, terminó confesando los falsos cargos que sobre ella recaían.

Zhu fue interrogado de nuevo. Esta vez Zhu explicó:

—Una mujer así, tan delicada, no puede soportar torturas tan crueles, por eso ha confesado un crimen que nunca ha cometido. Que muera deshonrada como mujer adúltera es una injusticia que no se puede tolerar aunque los mismos dioses y espíritus lo pasen por alto. Voy a confesar lo que en verdad sucedió: Yo maté a su marido para poder casarme con ella. Además, ella desconocía mis intenciones.

Cuando le pidieron pruebas que confirmasen su versión, Zhu explicó que todavía tenía ropa con restos de sangre. El juez mandó inspeccionar su casa pero no encontraron nada. Zhu entonces fue golpeado hasta el desfallecimiento. Al volver en sí manifestó:

—Mi madre no va a proporcionar ninguna evidencia que conduzca a la destrucción de su propio hijo. Dejadme ir a mi.

De esta manera fue escoltado hasta su casa. Al llegar dijo a su madre:

—Entregues o no la ropa con los restos de sangre no supondrá ninguna diferencia porque en cualquier caso voy a morir. Como irremediablemente va a ser así, prefiero morir antes que después.

Al oír estas palabras su madre rompió a llorar desconsoladamente. Luego entró en una habitación y al cabo de unos minutos salió con la ropa. El magistrado la examinó con detenimiento y quedó convencido de que era la prueba concluyente del crimen de Zhu.

Zhu fue inmediatamente condenado a muerte. Posteriormente hubo más interrogatorios, pero Zhu no modificó su confesión.

Un año después, el día de la ejecución de la pena, cuando el juez fue a revisar el caso de Zhu por última vez, una persona irrumpió en la corte. De pie, delante del juez, con los ojos fijos en el magistrado, con gesto de indignación gritó:

—¡Idiota incompetente! ¡No estás capacitado para llevar los asuntos de la gente!

Varios hombres se abalanzaron sobre él para reducirlo, pero con un movimiento del brazo hizo que todos cayeran rodando por el suelo. El magistrado amenazado intentaba escapar cuando oyó al hombre gritar:

—Soy el General Zhou, de la Guardía del Duque Guan Yu. Si osas moverte un pelo te mato.

Al juez no le quedó más remedio que permanecer de pie y escuchar. Su cuerpo temblaba de miedo. El hombre continuó:

—Zhu es inocente. El asesino es Gong Biao.

Casi sin acabar estas palabras cayó al suelo medio muerto. Al poco rato, sin embargo, volvió en sí. Estaba pálido. Cuando la gente le preguntó quien era, afirmó que no era otro sino Gong Biao. De esta manera fue interrogado, golpeado y se confesó culpable.

La verdadera historia sucedió como sigue:

Este Gong Biao, que toda la vida había sido un vagabundo, un día se enteró de que la victima salía a cobrar un dinero, pensando que el hombre regresaría con una gran suma en el bolsillo, le mató. Pero para su decepción no llevaba encima nada. Cuando oyó que Zhu había sido acusado del crimen y fue forzado a admitirlo, se regocijó con su suerte. Cómo finalmente había acudido ante el juez aquel día era incapaz de explicarlo. Entonces el juez preguntó a Zhu de donde había sacado la ropa con restos de sangre, pero Zhu no supo decirlo. Cuando el magistrado mandó formular la misma pregunta a la madre de Zhu, la mujer dijo que ella misma se había cortado en el brazo para manchar la ropa. Su brazo izquierdo presentaba una herida que era reciente, todavía sin curar.

El juez se quedó pasmado ante este hecho. Después, como consecuencia de su error, no sólo fue destituido de su cargo sino también obligado a pagar una multa de una elevada cantidad de dinero y, finalmente, murió en prisión. Al año siguiente, cuando la madre del hombre asesinado aceptó el divorcio de su hija política, la viuda decidió casarse por segunda vez con Zhu como recompensa a su amabilidad.

Pu Songling (蒲松龄)
聊斋志异 (聊齋誌異) Liao zhai zhi yi  (Relatos extraños de Pu Songling)

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