Liu Chen y Ruan Zhao

En el año quinto del reinado del Emperador Ming Di de la Dinastía Han (62 d.C.) Liu Chen y Ruan Zhao, dos hombres del condado de Shanxian, fueron a los montes Tiantai a recolectar cáscaras de grano pero extraviaron su camino y fueron incapaces de regresar a sus casas. Trece días después se les habían acabado las provisiones. El hambre era ya casi insoportable cuando vieron un melocotonero lleno de fruta en la cumbre de una montaña lejana. Llegar hasta el árbol era una tarea muy complicada porque había que salvar escarpados riscos y profundos barrancos. Sin embargo, trepando por lianas y ramas lo consiguieron. Cada uno comió algunos melocotones que no sólo les aliviaron el hambre, sino también les hicieron recuperar las fuerzas. Luego descendieron hasta un arroyo donde recogieron agua para lavarse la cara y aclararse la boca. Les llamó la atención hojas de colinabo flotando en el agua surgidas de entre las rocas de la montaña. Luego vieron un tazón con arroz y semillas de sésamo.

—No debemos estar lejos de alguna zona habitada—. Se dijeron.

Metidos en el agua remontaron el curso del arroyo dos o tres Li, dejaron atrás un peñasco y aparecieron en un río más ancho. En una de las orillas había dos mujeres, ambas de una extraña belleza. Vieron a los dos hombres con el tazón y dijeron sonriendo:

—Señor Liu y Señor Ruan, nos han traído el tazón que hace un rato habíamos perdido.

A los dos hombres, que nunca antes habían visto a las mujeres, les agradó oír sus nombres como si de viejos amigos se tratara.

—¿Por qué venís tan tarde? —Preguntaron mientras les invitaban a entrar a su casa.

Era una casa con tejas amarillas. Dentro había dispuestas dos camas grandes en las paredes Este y Sur, cada una estaba decorada con oro y plata y cubierta con redes para mosquitos con campanillas colgando en las esquinas. Había diez sirvientas de pie al lado de cada cama.  Las sirvientas les dijeron:

—Nuestros invitados han tenido un viaje largo en las montañas rocosas. Aunque han comido deliciosos melocotones deben estar hambrientos y cansados. Iremos rápidamente a prepararles comida.

Al poco, los dos hombres estaban comiendo un delicioso arroz con semillas de sésamo, cordero y ternera. Después de la comida les sirvieron vino. Un grupo de doncellas atendieron a cada uno de ellos trayéndoles melocotones mientras dirigiéndose a las dos mujeres dijeron:

—Esto es para celebrar la llegada de vuestros novios.

Cuando todos andaban medio borrachos, interpretaron música. Los dos hombres estaban encantados pero también un tanto nerviosos. Cuando cayó la noche fueron guiados a la cama  por cada una de las dos mujeres cuyas dulces voces les hicieron olvidar todas sus preocupaciones.

Después de estar allí diez días, los dos hombres expresaron su deseo de irse a sus casas. Pero las mujeres les dijeron:

—El destino os ha traído hasta aquí y eso es una bendición del cielo. ¿Por qué queréis iros?

Transcurrieron seis meses. El tiempo caluroso, los árboles verdes y los cantos de los pájaros les recordaron que la primavera había llegado.

Esta estación les provocó una profunda nostalgia, con lo que continuaron pidiendo permiso para irse.

—Vuestras ataduras mundanas os están alejando de nosotras— dijeron las mujeres—¿Que más podemos hacer sino dejaros ir?

Llamaron a las doncellas que ya habían visto los dos hombres, treinta o cuarenta en total, e interpretaron música para darles una calurosa despedida. Luego les explicaron a Liu y a Ruan la ruta que debían tomar.

Después de abandonar las montañas se enteraron de que todos sus familiares, parientes y amigos habían muerto hacia tiempo. Su ciudad había cambiado tanto que era imposible reconocerla. Después de preguntar conocieron a descendientes de su familia de séptima generación. Todos sabían que dos de sus antepasados remotos habían ido a las montes y nunca habían vuelto.

En el octavo año del periodo Taiyuan (383 d.C.) de la Dinastía Jin, Liu y Ruan abandonaron sus casas para ir a un lugar que nadie conocía.

Liu Yiqing

You Ming Lu (Historias de hombres y fantasmas)

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