La posada “Lazos de amor” (2/2)

Wei Gu volvió a la posada, afiló una daga y se la dio a su sirviente.

—Durante todos estos años, siempre has cumplido eficientemente—le dijo.—¡Ahora, ve y deshazte de esa niña y te daré diez mil monedas!

—Entendido—dijo el lacayo.

A la mañana siguiente, el criado fue al mercado con la daga escondida bajo la manga. Localizó a la niña entre la multitud, le asestó una puñalada y huyó aprovechando el caos.

—¿Lo hiciste?—preguntó Wei Gu impaciente.

—Apunté al corazón pero, inexplicablemente, recibió el golpe entre las cejas.

Pasaron catorce años. Durante ese tiempo Wei Gu intentó casarse en numerosas ocasiones pero, como siempre, sus esfuerzos no concluían en matrimonio. Entonces, por mediación de un viejo amigo de su padre, le ofrecieron un puesto en la guarnición militar de la prefectura de Xiang. Wang Tai, el prefecto, le dio un cargo en la oficina de los juzgados. Su habilidad pronto le hizo ganar los favores de Wang quien decidió ofrecerle la mano de su guapísima hija de diecisiete años.

Wei se sentía muy satisfecho de tener por fin esposa pero descubrió que su mujer siempre llevaba una pequeña flor de papel entre sus cejas y en ningún momento se la quitaba.

Después de preguntar todo un año de forma insistente, Wei Gu finalmente consiguió saber su triste pasado. En realidad era sobrina del prefecto, no su hija, según le confesó a Wei Gu. Su padre había sido el alcalde de Songcheng y había muerto en su puesto cuando ella era aún un bebé. Después también murieron su madre y su hermano. Todo lo que heredó fue una granja al sur de la ciudad donde fue a vivir en compañía de su nodriza. Para ganarse la vida, la niñera cultivaba verduras que luego vendía en un mercado cercano. Para no dejarla sola en casa siempre llevaba a la niña al mercado. Entonces, un día en el mercado, cuando tenía tres años, un sinvergüenza la golpeó con un cuchillo y la dejó una cicatriz permanente entre las cejas que siempre había intentado ocultar con una flor de papel. Siete u ocho años después de eso, cuando su tío fue trasladado a Lulong, la encontró y la crió como a su propia hija.

—¿Era tu nodriza tuerta? —preguntó Wei Gu.

—¡Si, era tuerta! ¿Cómo lo sabes?

—Yo soy el culpable —confesó Wei Gu.

Le contó toda la historia. Los dos quedaron maravillados de su destino y su matrimonio desde entonces fue todavía más dulce y se mostraron más amor y respeto.

Nació un niño que más tarde fue el prefecto de Yanmen y su madre, en consecuencia, adquirió el título de marquesa. ¡De qué manera la vida está predestinada!

Cuando el nuevo alcalde de Songcheng oyó esta historia, mandó cambiar el nombre de la posada por el de “Lazos de amor”.

太平廣記  Taiping guangji (Antologías de Taiping)