Hombres contra fantasmas

Templo del dios protector de la ciudad

Templo del dios protector de la ciudad

 

En el cuarto año del reinado de Qianlong yo trabajaba en el mismo estudio con Li Yunju y Huo Yangzhong, ambos naturales de Dongguang. Una noche iniciamos una discusión sobre la existencia de fantasmas. Li Yunju estaba a favor de su existencia, mientras que Huo Yangzhong opinaba lo contrario.

En ese punto el camarero de Li dijo:

—En este mundo suceden cosas extrañas que parece imposible que le hayan sucedido a uno mismo. Un día estaba caminando cerca del templo del dios protector de la ciudad cuando tropecé con una lápida y la rompí. Esa misma noche soñé que el dios local me llamaba y me comunicaba la demanda recibida por haber roto una casa. Enseguida supe que se trataba de la lápida deteriorada y traté de defenderme:

—Fue su culpa. ¿A quien se le ocurre construir su casa en mitad de un camino? Fue un accidente. No rompí la lápida a propósito.

—Pero no construí mi casa en el camino —alegó el fantasma,— fue el camino que se construyó pasando por mi casa.

El dios protector de la ciudad me dijo sonriendo:

—Como todo el mundo utiliza esa carretera, no eres culpable de pasear por allí, pero tú has sido el único que has roto su casa, por eso debes asumir la responsabilidad. Tienes que pagar con papel moneda para ofrendas como compensación.

Luego añadió:

—Un fantasma no puede reparar su tumba por sí mismo. Podrías poner un tablón y tapar la parte rota con tierra.

Al día siguiente después de tapar la lápida, eché tierra y quemé papel moneda de uso ritual tal como me había indicado el dios local. Luego se levantó un torbellino de viento que hizo volar las cenizas.

Tiempo después, una tarde paseaba otra vez por el mismo sitio cuando oí a alguien que me llamaba:

—Acércate y descansa un rato.

Reconocí la voz del fantasma y salí por pies.

Bramaba y reía a carcajadas sonando como el grito de una lechuza. Todavía hoy se me pone la carne de gallina cuando lo recuerdo.

Después de oír esta historia Huo Yangzhong se dirigió Li Yu y dijo:

—Tienes un sirviente que ha salido en tu defensa y, desde luego, dos voces tienen más peso que una sola pero, simplemente, no puedo dar el mismo crédito a las experiencias de otros como si fueran las mías.

—¿Qué harías si tuvieras que juzgar un caso? —replicó burlonamente Li, —¿No creerías nada más que lo visto con tus propios ojos o pedirías información a testigos? Porque es imposible ver todo con tus propios ojos y al recibir información de otros estarías tratando su experiencia como si fuese la tuya propia. ¿Entonces, que harías?

—Los dos se miraron riéndose entre dientes y dieron por terminado el debate.

纪昀 Ji Yun (1724–1805)