La chica del pozo

En el reino de Tianbo de la dinastía Tang, vivía un joven letrado de nombre Chen Zhonggong, perteneciente a una acaudalada familia de Nanjing. Decidió dirigirse a la capital del Este para ampliar sus estudios y para ello alquiló una casa en el distrito Qinghua de la ciudad.

Frente a la casa había un pozo profundo que era famoso porque en él habían muerto muchos ahogados y, sin embargo, a Chen no incomodaba su presencia pues ni tenía familia ni niños de los que preocuparse. Además, pensaba estar todo el tiempo encerrado en su habitación estudiando.

Los días se hicieron meses. En este tiempo venía observando como una joven criada de la casa vecina iba cada mañana al pozo a sacar agua. Pero lo curioso era que parecía reacia a abandonar el lugar incluso después de haber llenado los cántaros de agua, hasta que un día se arrojó al pozo y se ahogó. El agua tenía tanta profundidad que el cuerpo no salió a la superficie hasta el día siguiente.

Este suceso alimentó su curiosidad. Así, un día fue a echar una ojeada en el interior del pozo cuando, de repente, surgió del agua una joven muy atractiva. Vestía con estilo y gracia, los ojos llamativos, los labios carnosos… todo en ella era irresistible. Mostró una sonrisa que tímidamente quiso ocultar con un graciosos movimiento de la manga de su vestido.  ¡Era sencillamente encantadora!

Chen, hechizado, se sentía arrastrado hacia ella pero recordando como otros habían acabado fatalmente ahogados, hizo un esfuerzo y consiguió retirarse.

Era un verano caluroso y una fuerte sequía asolaba la región, sin embargo el agua del pozo permanecía con el mismo nivel de agua que de costumbre. Pero entonces, repentinamente, una noche se secó. A la mañana siguiente, muy temprano, Chen oyó como llamaban a la puerta. Una voz se presentó como Jing Yuanying. Abrió la puerta y delante de sus propios ojos estaba la chica tan atractiva que había visto en el pozo. Vestía elegante y su rostro estaba maquillado con estilo. Chen con un gesto educado le ofreció asiento, pero no se anduvo con rodeos y la acusó de haber matado a gente inocente.

—De eso no soy culpable—contestó.— Ese pozo ha estado ocupado por un dragón cruel atrincherado desde la dinastía Han. Se trata de uno de los cinco dragones malignos de la ciudad. Junto con los otros cuatro disfruta de las prebendas de un dragón ayudante del Señor del Cielo. Ha sobrevivido hasta hoy porque cada vez que el cielo le ha pedido cuentas siempre ha sabido excusarse para no abandonar el pozo. Disfruta bebiendo la sangre de sus víctimas y a día de hoy cuenta con tres mil setecientos muertos. Por esa razón se mantiene el nivel del agua. Yo caí al pozo en los primeros años de la dinastía. ¡Pobre de mi!  Desde entonces me ha esclavizado y usado como reclamo para sus crímenes. Debes entenderlo, me forzó contra mi voluntad. Ayer comenzó una nueva era en el cielo y a todos los dragones se les ha obligado a asistir para presentar sus respetos al nuevo Señor celeste. Partió a media noche y no volverá hasta dentro de varios días porque tendrá que dar cuenta de la sequía que asola esta región. Ahora que está seco puedes limpiar el pozo y liberarme de este sufrimiento sin fin. Te prometo mi servicio de por vida y todos tus deseos serán cumplidos.

Dicho esto desapareció.

Pronto organizó una cuadrilla para dragar el pozo. Al mismo tiempo, avisó a uno de sus criados más fieles para que les acompañase al fondo.

—Trae cualquier cosa extraña que encuentres —le ordenó.

Lo único extraño que desenterraron fue un espejo de bronce antiguo de un palmo de ancho. Después de lavarlo con cuidado reveló un elaborado dibujo en su reverso. Alrededor del borde había veintiocho caracteres arcaicos, eran las constelaciones que rodeaban el sol y la luna en el centro. Un borde interior albergaba cuatro símbolos: un dragón, un tigre, un pájaro y una tortuga, los símbolos de los cuatro destinos. Con delicadeza dejó el espejo en una hornacina dentro de un cajón y encendió incienso en señal de respeto, pensando que ello debía de alguna manera tener relación con la chica.

Cuando cayó la noche, una sombra deslizándose por la puerta se aproximó a la hornacina e hizo una reverencia. Era Jing quien, volviéndose hacia él, dijo:

—Gracias por sacarme del fango cenagoso. A decir verdad, soy la séptima de una colección de espejos fabricados por el famoso artesano Shi Kuang hace más de diez siglos. Cada uno de nosotros fuimos elaborados en un día concreto de cada mes. Yo, el mediodía del séptimo día del séptimo mes lunar. Esta casa fue ocupada por un ministro de la corte a mediados del reino de Zhenguan. Una criada se tropezó fortuitamente y me dejó caer al pozo. El pozo era muy profundo y el agua contenía un gas nocivo, los que bajaron a recuperarme murieron de asfixia. Desde entonces hasta hoy allí he permanecido. Ha sido un golpe de suerte que hayas ocupado esta casa y debo mi liberación a tu virtud y fuerza moral. Pero te aconsejo que hoy mismo dejes esta casa.

Chen explicó que había depositado una considerable suma de dinero como fianza y que mudarse sin aviso le privaría de los medios para alquilar otra casa.

—No te preocupes de eso— le dijo la muchacha—yo me ocuparé. Ahora preocúpate de empaquetar y estar preparado.

Después se dispuso a marcharse.

—¿Si eres un espejo, cómo te muestras con forma humana y eres tan atractiva? —preguntó Chen en la esperanza de prolongar su compañía.

—Puedo mostrarme en cualquier forma que desee, pero no vamos a discutir eso ahora.

Diciendo esto desapareció.

A la mañana siguiente muy temprano, se presentó el propietario seguido por un escribiente para pedirle que abandonara la casa y disculpándose por los inconvenientes que le pudiera ocasionar avisarle con tan poca antelación. Varios mozos de carga esperaban fuera y antes del mediodía estaba cómodamente instalado en otro distrito en una casa del mismo tamaño y renta.

El escribiente ya había redactado el nuevo documento de arrendamiento.

Tres días después, el pozo de su antigua residencia se hundió arrastrando una parte de la casa.

Desde entonces superó todos los exámenes alcanzando un puesto elevado en la sociedad y todo lo que  deseaba se cumplía con la misma facilidad con la que se había mudado de residencia.

太平廣記  Taiping guangji (Antologías de Taiping)