El Maestro Zhuangzi y la calavera

Cuando el maestro Zhuangzi se dirigía al reino de Chu encontró en el camino una calavera. Aunque la estructura ósea estaba algo estropeada la calavera todavía conservaba su forma. El Maestro, golpeándola levemente con la fusta, le preguntó:

—¿Te llevó a este final la codicia en vida y la falta de razón? ¿O acaso al servicio de un estado en ruinas fuiste ajusticiado con el golpe de un hacha en la cabeza? ¿O quizá terminaste así por tu conducta despreciable deshonrando a tus padres, cónyuge o a tus hijos? ¿Quizá desfalleciste por el hambre o el frío? ¿O, simplemente, te ves así tras acabar tu tiempo y llegar tu hora?

Cuando hubo finalizado estas preguntas, el maestro Zhuangzi recogió la calavera y utilizándola como apoyo se fue a dormir. A media noche, la calavera se le apareció en un sueño.

—Lo que hablabas hace un rato es propio del orador elocuente. Sin embargo, todas tus palabras versaban sobre la intervención de los hombres en la vida, pero no hay tales cosas después de la muerte. ¿Quieres que te hable sobre la muerte?

—Sí—contestó el maestro.

—En la muerte no existen gobernantes superiores ni súbditos inferiores— continuó diciendo la calavera.— Tampoco existe la sucesión de las cuatro estaciones. Nuestro tiempo transcurre en el sosegado y apacible acaecer del cielo y de la tierra. No hay rey en su corte que disfrute de mayor felicidad que la nuestra.

Zhuangzi dando poco crédito a estas palabras dijo:

—Si el dios del destino te concediera devolver tu cuerpo a la vida, con huesos, carne y piel y devolverte a tu padre y a tu madre, a tu cónyuge e hijos y todos tus amigos ¿acaso no consentirías?

La calavera le miró fijamente. Frunciendo profundamente el ceño dijo:

—¿Como podría rechazar la felicidad del rey en su trono divino a cambio de los trabajos y penurias de la vida de los hombres?

El espectro desenmascarado

En el territorio del Condado de Xian se encuentran unos montículos, antiguos mausoleos de la dinastía Han. Un día un campesino, labrando la tierra, tropezó con una de las tumbas. De vuelta a casa, cayó enfermo con fiebre y escalofríos. Estaba poseído. El espíritu empezó a manifestarse hablando por su boca y le acusaba de haber dañado su tumba. Un letrado que casualmente estaba presente preguntó:

—¿Quién eres?

—Un hombre de la dinastía Han.— Fue la respuesta.

—¿En dónde vivías en la dinastía Han?—Preguntó el letrado.

—Nací en el Condado de Xian en la dinastía Han—dijo el espíritu,—por eso fui enterrado aquí. ¿Qué preguntas?

—Eso me parece muy extraño—dijo el letrado,—en la dinastía Han este lugar estaba bajo la jurisdicción del estado de Hejian y se llamaba Lecheng. Se denominó “Prefectura de Xian” en la dinastía Jin y no fue “Condado de Xian” hasta la dinastía Ming. ¿Cómo es posible que se denominara “Condado de  Xian” en la dinastía Han?

El espíritu no respondió. Cuando se le instó a manifestarse, el campesino volvió en sí, su enfermedad había desaparecido.

Al parecer, el espíritu había sabido que las tumbas pertenecían a muertos de la dinastía Han. Entonces se le ocurrió poseer al campesino pretendiendo ser un espíritu de la época con la idea de obtener ofrendas. Sin embargo la mentira había sido desenmascarada por el letrado.

纪昀 Ji Yun (1724–1805)