Una vasija antigua

Zhang Yuqing, descendiente lejano de Zhang Qixian, quien fuera conocido por la historia china como Wending, vivía en Xiaoshui, en el condado de Yiyang de la Prefectura de Xijing.

Un día descubrió una vasija antigua enterrada en el campo. Le pareció llamativa y decidió ponerla en su estudio como florero.

Aquel invierno fue extremadamente riguroso y una noche olvidó vaciarla de agua por lo que estaba seguro que al día siguiente habría reventado por el hielo. Sin embargo, para su sorpresa, observó que dentro de la vasija el agua no se había hecho hielo cuando todo a su alrededor estaba helado.

Otro día, después de añadir agua caliente, comprobó como se había mantenido la temperatura durante todo el día. Aprovechando esta característica, cuando en alguna ocasión iba de excursión con amigos, llevaba la vasija en la cesta de la comida. Así, disfrutaba de agua lo suficientemente caliente como para hacer té.

Todas estas circunstancias le indujeron a pensar que no se trataba de una vasija normal y corriente.

Pasado un tiempo, desafortunadamente, debido al descuido de uno de los criados borracho, la vajilla cayó al suelo y se rompió en pedazos.

Su interior no se diferenciaba de una vasija normal pero, curiosamente, en su base se descubrió un doble fondo del grosor de dos dedos donde había pintado un magnífico dibujo de un espectro sosteniendo una antorcha encendida.

Nadie supo decir de donde procedía ni en que época fue hecha aquella vasija.

De los cuentos recopilados por Hong Mai  洪邁 (1123-1202) en el libro
Yi jianzhi 夷堅志 (Documentos de Yi Jian)

Yang Zhu – Brevedad de la vida consciente

Yang Zhu dijo:

Cien años es el límite de una vida longeva, pero ni uno entre mil alcanza esa edad. Es más, aquellos que lo consiguen pasan la mitad de los años en la inconsciencia de la infancia y de la vejez.

El tiempo de sueño mientras duermen más el tiempo que desperdician en vigilia durante el día, suman otra mitad del resto. Además, el dolor, la enfermedad, la tristeza y el miedo se llevan aproximadamente otra mitad. Así, en realidad les quedan solamente diez años para disfrutar. Y aún así, no les queda una simple hora libre de ansiedad.

Entonces, ¿Cuál es el propósito de la vida humana? ¿Qué la hace placentera?

La comodidad, la elegancia, la música y la belleza. Pero no siempre se puede satisfacer el deseo de comodidad y refinamiento y tampoco es posible disfrutar de continuo de la belleza y la música.

Con todo, advertidos y persuadidos por castigos y recompensas,  impulsados y repelidos por la fama  y las leyes, los hombres experimentan permanente ansiedad. Se esfuerzan por una vana hora de gloria y por la magnificencia que les procurará sobrevivir a la muerte. Siguen sus caminos solitarios, ponderando lo que oyen con sus oídos y lo que ven con sus ojos, considerando con detenimiento lo que es bueno para la mente y para el cuerpo; y de esta manera pierden la felicidad del presente, sin poder renunciar a esas preocupaciones por una hora.

¿En que se diferencian, pues, de los presos encadenados?

En la antigüedad los hombres sabían que todas las criaturas se incorporan a la vida por un breve periodo de tiempo y se van de súbito con la muerte. En consecuencia, cedían a sus impulsos y no reprimían sus tendencias naturales.

No se negaban nada que les pudiera proporcionar placer al cuerpo; por consiguiente, como no buscaban la fama sino que seguían su propia naturaleza, vivían sin complicaciones, nunca en desacuerdo con sus inclinaciones. No buscaban la fama póstuma. Tampoco delinquían y no les importaba la gloria, ni la reputación, ni el rango, ni la posición, como tampoco, alargar la vida.

楊朱 Yang Zhu, (370-319 a. C.)