Tres hombres inventan un tigre

三人成虎

sānrénchénghǔ

Proverbio

La mentira repetida termina haciéndose verdad, en su traducción literal: “tres hombres se inventan un tigre”.

Tres hombres se inventan un tigre, es una expresión cuyo origen se remonta al Periodo de los Reinos Combatientes. (475-221 a.C.) y es atribuida a Pang Cong, un letrado del Estado de Wei.

El Estado de Wei firmó un acuerdo con el Estado de Zhao con objeto de formalizar su alianza. Como era costumbre en la época, el rey de Wei debía ceder al Estado de Zhao a uno de sus hijos como rehén temporal para evitar, de esta manera, la desconfianza entre ambas partes. Pang Cong fue elegido para acompañar al príncipe.

Antes de partir, Pang preguntó al rey:

—¿Si alguien informa a Su Majestad de que un tigre anda suelto en un mercado lo creería?

—Naturalmente, no— respondió el rey.

—¿Si viniera un segundo informador diciendo que un tigre andaba suelto por la calle, entonces lo creería Su Majestad?

—Empezaría a tomarlo en consideración— replicó el rey.

Pang prosiguió.

—Si una tercera persona le confirmase a Su Majestad la noticia de un tigre en las calles entonces, finalmente, lo creería?—  preguntó de nuevo.

Tras pensarlo un momento, el rey dijo:

—Sí, en ese caso probablemente lo creería.

Luego Pang le explicó al rey:

—Después de mi partida al Estado de Zhao, en mi ausencia, podría haber más de tres personas que me calumnien a mis espaldas. Espero que Su Majestad tenga formado un juicio objetivo sobre mi persona y no se deje influir por comentarios maldicientes.

El rey replicó:

—No te preocupes. No dudo de tu fidelidad, yo formo mis juicios objetivamente.

Después de la marcha de Pang, varios de sus colegas empezaron a criticarle en presencia del rey hasta infundirle dudas sobre la lealtad del letrado ausente.

A su regresó del Estado de Zhao, una vez finalizada la misión de escolta del príncipe, Pang fue excluido de la corte.

Desde entonces la expresión de Pang Cong sobre los tres tigres se utiliza para advertir a la gente sobre las consecuencias de dar crédito a los mentirosos.

El hombre que se contradijo

En China se utiliza con frecuencia la expresión “maodun” para significar algo que es contradictorio o para describir un dilema irresoluble. Está expresión está compuesta de dos caracteres: 矛盾 máo y dùn, que significan respectivamente, escudo y lanza. Veamos la historia que dio origen a que estos dos objetos se convirtieran en el símbolo de la paradoja.

Un hombre del Reino de Chu acudió a la capital a vender sus escudos y lanzas. Se instaló en una de las calles y empezó a anunciar la mercancía dando grandes voces:

—¡Vengan! ¡Vengan y vean! ¡Compren las mejores lanzas del mundo!

Y luego proseguía:

—¡Vengan! ¡Vengan y vean! ¡Aquí tengo los mejores escudos del mundo!.

Tomaba una de las largas lanzas y decía con jactancia:

—Mis lanzas son capaces de destruir cualquier cosa que se interponga.

Al rato, mostrando un escudo volvía a decir:

—¡A mis escudos no hay nada que los pueda destruir!

De esta manera, ufano y orgulloso, exageraba las cualidades de su mercancía, hasta que llegó alguien y le preguntó:

—Vale. ¿Y si utilizas una de tus lanzas contra uno de tus escudos, entonces cuál será el resultado?

El hombre del Reino de Chu a esta pregunta no tuvo respuesta. La gente que había hecho corro alrededor estalló en una carcajada general. Al hombre de Chu, viendo la situación, no le quedó mas remedio que reírse tímidamente un par de veces, recoger el puesto y poner pies en polvorosa.

Pierde el hacha y sospecha de su vecino

Proverbio

失斧疑邻 (失斧疑鄰)

shīfǔyílín

Leñador en la antigua ChinaUn hombre pierde su hacha y sospecha que el hijo de su vecino lo ha robado. Cuando ve la expresión del joven y analiza su comportamiento se reafirma en su culpabilidad. La forma de andar, su gesto al hablar, no hacen más que delatarle como ladrón.

—“Sí, seguro. Es él, el ladrón.”—Concluye el hombre.

Al día siguiente, va a recoger leña al monte e inesperadamente encuentra el hacha tirado al lado de un árbol. Entonces recuerda como el día anterior había olvidado recogerlo. Se da cuenta de su equivocación al juzgar al hijo del vecino.

Después de este incidente, le parece que la expresión del hijo del vecino no transluce, en absoluto, un comportamiento sospechoso ni que sus palabras y acciones sean las de un ladrón.

—“Después de todo”—piensa, —“no es más que un hacha. Quién iba a querer robar un objeto de tan poco valor. ¿No dije yo hace ya tiempo que ese chico era incapaz de hacer algo así?”

Del Libro de Liezi. (列子)